Unos días antes de un congreso, la presentación del consejero delegado suele ser el documento más sensible de toda la empresa. Lleva cifras que aún no se han publicado, productos que todavía no existen para el mercado y mensajes que se han revisado palabra por palabra.
Y, sin embargo, es habitual que ese archivo pase por demasiadas manos y herramientas: plantillas descargadas, plataformas online de diseño automático o asistentes a los que se les pega el texto completo para "ponerlo bonito".
Diseñar también es custodiar
Cuando una agencia me encarga una ponencia, el contenido no sale del circuito acordado. Se trabaja en local, con las herramientas que la propia agencia o su cliente aprueban, y las condiciones de confidencialidad se cierran en privado antes de empezar.
Eso permite algo que una plantilla nunca hará: entender el mensaje, ordenar la historia y convertir cada dato en una imagen que el público recuerde, en PowerPoint, Keynote, Genially o Canva, según lo que use quien va a subir al escenario.
Tres preguntas antes de enviar tu presentación a nadie
¿Quién va a tener acceso al archivo y durante cuánto tiempo? ¿En qué herramientas se va a abrir o procesar? ¿Hay un acuerdo por escrito sobre el uso de ese contenido? Si alguna respuesta no está clara, conviene aclararla antes del primer boceto.
Una buena presentación se nota en el escenario. Una presentación bien custodiada se nota en que nadie habla de ella antes de tiempo.